rostroA los primeros discípulos, los movió el escuchar una llamada de Jesús: “Sígueme” (Mt 4). De manera decidida y radical, lo” dejaron todo” para dedicarse a amarlo, seguirlo y servirlo (Cf. Mt 19). Sintieron que verdaderamente Jesús era su “amigo” (Cf. Jn 15, 13 – 17) y asumieron la misión de ir a hacer discípulos para Jesús (Cf. Mt 28, 19 – 20), de “pastorear” las ovejas de Jesús.

Esa es la misma historia suya y mía. El vivir y obrar así, no es cosa o iniciativa nuestra. Jesús nos mueve. Por ello, le agradecemos que seguimos sintiendo su llamada a seguirlo, experimentamos su aprecio y amistad, confiamos en su ayuda y nos dedicamos con todo a amarlo, seguirlo y servirlo. Su persona, su amor, su llamada y la misión, es lo que nos mueve. Por eso vivimos con un estilo parecido al de su vida y en ello encontramos el sentido de todas nuestras actividades.

¿Cómo sentir más y corresponder mejor a esa llamada, amistad y misión? Ellas son semillas de Dios, que necesitan ser cultivadas para que den abundante y duradero fruto (Cf. Jn 15). Lo que más sirve para ello es intensificar el encuentro personal diario con Jesús y, complementariamente, el compartir espiritual en comunidad con otros hermanos sacerdotes.

Qué dicha tener viva en nuestro corazón esa llamada: ven y sígueme, eres mi amigo, te envío a pastorear. Qué tarea grande la de cultivar esas semillas. Ayudémonos en ello.

Julio