oracionEn cuanto a vivir lo que somos, nuestra identidad sacerdotal, hay diversas situaciones. Hay hermanos desanimados y con dudas respecto de su vocación y misión, hay quienes aprovechan el ministerio para sus intereses personales y hay otros que viven contentos de dar la vida por Dios y por su comunidad. Lo cierto es que todos necesitamos comprensión y ayuda de los hermanos y hemos de actuar con valentía para superarnos, con la ayuda de Dios. ¿Verdad?

Para un seguimiento y un servicio fieles, la primera recomendación de Jesús a los Apóstoles fué la de hacerse pequeños, servidores de todos (Cf. Mt 18, 1-4; 20, 26-28). Como decía el Santo Padre, en estos días, a los sacerdotes en Mozambique: “Frente a la crisis de identidad sacerdotal, quizás tenemos que salir de los lugares importantes, solemnes; tenemos que volver a los lugares donde fuimos llamados, donde era evidente que la iniciativa y el poder eran de Dios”. “El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño”. “Volver a Nazaret puede ser el camino para afrontar la crisis de identidad, para renovarnos como pastores-discípulos-misioneros”.    

“Renovar el llamado muchas veces pasa por revisar si nuestros cansancios y afanes tienen que ver con cierta “mundanidad espiritual”, «por la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor, a las ovejitas que esperan la voz de sus pastores»; renovar el llamado pasa por elegir, decir sí y cansarnos por aquello que es fecundo a los ojos de Dios, que hace presente, encarna, a su Hijo Jesús. Que en este sano cansancio encontremos la fuente de nuestra identidad y felicidad.”

Necesitamos esa renovación en nuestra vida y en nuestra misión. Volvamos al primer amor, a renovar nuestro “sí” pleno al Señor. Mantengámonos unidos, compartiendo, con otros hermanos sacerdotes para crecer y para ayudarnos en los momentos difíciles.

Julio