eucaristia¿Cuántas Eucaristías has celebrado? Y cómo quisiéramos que cada una de ellas, como nos dice la  Iglesia, hubiera sido, para nosotros mismos y para los fieles, un encuentro personal vivo, un participar fructuoso del sacrificio de Cristo, un comprometernos crecientemente a dar la vida con Él, un crecer en comunión con los hermanos presentes y un asumir el envío que nos hace Jesús en cada Eucaristía. ¿Verdad?

Es lo que nos encomendaron el día de nuestra ordenación sacerdotal cuando nos entregaron el cáliz y las ofrendas: medita lo que celebras e imita lo que conmemoras. Y lo que celebramos es su presencia, la entrega amorosa de su vida, la comunión eclesial y la misión.

De Jesús, de la Iglesia y de la experiencia de muchos hermanos aprendemos que sí es posible sacar más fruto de la Eucaristía. Los pasos para lograrlo se podrían resumir en estos cinco:

  1. Prepararnos para la Eucaristía: ir a encontrarnos con Jesús, unirnos a Él, recibir su ayuda y asumir ir a celebrar como sus enviados, sus ministros, en su nombre y con su poder.
  2. Preparar la Eucaristía: la Palabra que se va a compartir, la liturgia eucarística, los servidores, la asamblea, el lugar, los elementos litúrgicos, etc.
  3. Celebrar bien: con caridad pastoral, conforme a las orientaciones de la Iglesia y a las necesidades de la comunidad, con creatividad, para lograr que cada uno tenga el encuentro vivo con el Señor, la participación en su sacrificio, el crecer en comunión con los demás hermanos y el asumir el compromiso de ir a compartir la Palabra, el amor y la vida recibidos.
  4. Asimilar y sacar provecho yo mismo del don que Dios ha proporcionado en la celebración. En oración, dar gracias al Señor y ponerme dócilmente ante su Espíritu para que realice su obra en mí y me ayude a vivir eucarísticamente, dando mi vida, durante el día, con Jesús, como Jesús y por Él.
  5. Ayudar a los fieles a sacar provecho de la celebración eucarística. Proponerles en la homilía pasos de aplicación en la vida personal, familiar y comunitaria. Acompañarlos, después, con motivaciones para ir a compartir la Palabra, el amor y la vida recibidos.

Para la Eucaristía de mañana y de cada día podemos hacer este discipulado con los mencionados cinco pasos. Nos traerán más y mejores frutos y renovarán más la vida de los fieles y de toda la comunidad.  Podríamos comenzar con ir, ahora, al sagrario y darle gracias a Jesús por el maravilloso regalo de la Eucaristía. Además, en estos días, conversar de este discipulado con otros hermanos sacerdotes y encontrar la manera de ayudarnos a ponerlo en práctica. Que reciban especiales bendiciones en cada Eucaristía.

Julio