uncionenfermoSeguramente, tienes la alegría de haber ayudado a muchos hermanos y, por eso, con ellos te sientes más unido. Eso te ha hecho bien y les ha hecho bien. No es solo recibir al hermano como regalo de Dios. El quinto paso, me lleva a reconocer que yo, también, soy regalo de Dios y me mueve a darme como regalo de Dios a mi hermano.

Es otro paso importantísimo para construir comunión: no espero que el otro me salude, o me sirva. No es por lo que reciba de él. Es por amor a Dios y a mi hermano que paso a ayudarlo generosamente con lo que soy y con lo positivo que vivo, que hago y que tengo. Lo ayudo a que progrese como Dios quiere y como él necesita, según su situación y misión. Paso de las palabras a la práctica: hago efectivo mi amor fraterno en el servicio al hermano.

El trigo amontonado se pudre. Yo me sacrifico para servir a mi hermano, como el grano de trigo que se siembra y da mucho fruto (Cf Jn 12, 24 – 25). Yo crezco sirviendo. Doy sin esperar que él me dé lo equivalente. No espero que me pague lo que he hecho por él. Le comparto con el fin de que él libremente le haga el bien a otros y, eventualmente a mí.

Mi alegría está en ver progresar a mi hermano y en agradar a Dios con ello. Supero el sentido de competencia y de una justicia sin misericordia (Mt 20,26-28) y me hago servidor de todos, buen samaritano, lleno de misericordia con cada hermano (Lc 11,29-37).

Tú y yo somos regalo de Dios para otros hermanos. Salir a compartir servicios y bienes nos cuesta mucho, pero es el camino que nos hace bien, nos hace progresar y ayuda a que los hermanos progresen.

Esta semana busquemos algún hermano para darle esa sorpresa: compartirle algún servicio especial o un bien, con fraternidad y generosidad, sintiendo que somos regalo de Dios para él. Él se sentirá movido a hacerlo por otros. Así edificamos fraternidad y presbiterio. ¡Hagámoslo!

Julio