navidadEstamos culminando este 2020 y en nuestro corazón de pastores brilla la alegría y la esperanza porque Jesús se sigue haciendo presente a través del misterio de la Navidad. Hacemos nuestra, aquella expectativa que durante siglos alimentó la esperanza de Israel “la promesa del Mesías”. En estos días renace una nueva esperanza: Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías esperado, viene de nuevo al mundo. Para nosotros sacerdotes, estos días nos demandan una tarea urgente, importante, bella: disponer el corazón de los hombres para que sean partícipes de las gracias y dones que Dios derrama sobre la humanidad por la celebración del misterio del nacimiento del salvador.

Jesús vuelve de nuevo -en la celebración del misterio de su nacimiento- para que, acogiéndolo, seamos redimidos. Ha tomado carne y sangre, para convertirse en nuestra comida y bebida. Viene como luz, para iluminar las tinieblas de nuestra ignorancia y darnos el conocimiento de la verdad. Se ha revestido de nuestra naturaleza humana, para hacernos partícipes de su naturaleza divina. Por su nacimiento se hace posible nuestro nuevo nacimiento a la vida eterna y dichosa. Ha aparecido entre los hombres, para enseñarnos a llevar una vida santa y conducirnos por la fe a la profundidad de sus misterios y así, lleguemos a amarlo con la más ferviente caridad. Él mismo se nos ha dado para introducir en la tierra el culto más perfecto que podemos ofrecer al Padre.

Esta celebración gozosa, en tiempos de pandemia, nos manifiesta que Dios sigue acompañando al hombre a pesar de las vicisitudes de la historia y quiere dirigir nuestro pensamiento, corazón y deseo hacia las realidades imperecederas. También nos manifiesta que se ha hecho hombre por amor a los hombres para socorrerlos en su indigencia. Por tanto, como Iglesia contemplamos y recibimos de este misterio el testimonio y la fuerza para salir al encuentro de todos los pobres, los enfermos, los que están solos, los que sufren, los que han perdido la esperanza, para llevarles aquella noticia que recibieron los pastores de parte del ángel del Señor “...os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2, 8-12) y hacerlos partícipes de nuestra caridad de múltiples maneras.

Como sacerdotes celebramos los misterios del Señor y somos los primeros en beneficiarnos de ellos. Por tanto, se espera de nosotros que irradiemos aquella luz que nos da la fe, aquella esperanza que colma nuestro corazón, aquella caridad para ir al encuentro de los hombres. No olvidemos en esta navidad acordarnos también de nuestros hermanos sacerdotes. Quizá alguno esté solo, enfermo, triste, necesitado de colaboración, deseoso de compartir la alegría de estos días con un buen hermano. Podríamos reunirnos varios a compartir la cena de navidad. No dejemos de aprovechar días como estos para cultivar la fraternidad.

A través de este boletín, hemos podido caminar juntos con toda la Iglesia como pastores del rebaño del Señor durante este año. Y es para El Instituto de Pastoral del Clero, responsable de este boletín, un motivo de profunda alegría y regocijo poder ofrecer este medio de formación permanente que tanto bien nos hace. A todos los que caminan junto con nosotros y se aprovechan de esta herramienta para crecer en su vida y ministerio, les estimulamos a compartirlo con todos los hermanos sacerdotes y sea un medio que ayude a caminar en la unidad. A todos les deseamos una feliz navidad, abundantes bendiciones del Señor y nuestros más sinceros deseos de que Jesús renazca en nuestros corazones de pastores.