ASÍ ME ESPERA

espera¿Conoces algún hermano sacerdote que esté desanimado? A ese hermano hay que acompañarlo y ayudarlo, ahora mismo. Generalmente, su situación se manifiesta con la pérdida de entusiasmo para el servicio y para su propia superación. Algunas veces, va creciendo el desánimo y entrando la tristeza, la dudas sobre la propia vocación y la tentación de encerrarse a vivir de cualquier manera. Si se deja crecer más, se llega al sinsabor, al sin sentido y, a veces, a la depresión. Es como si la luz se nos fuera apagando, como si la sal fuera perdiendo su sabor y se viviera sin esperanza.

A veces, de este desánimo se mencionan unas causas externas: dificultades en la relación con otros cohermanos, o con la comunidad; situaciones difíciles que le toca afrontar; constatación de los pocos frutos en su ministerio. Otras veces, se mencionan causas internas: las limitaciones personales, las frustraciones, el pecado.

Al hermano desanimado lo podemos ayudar, primero, acompañándolo fraternalmente y motivándolo a acercarse más a Dios para recibir su consuelo, fortaleza y ayuda, porque nada nos puede separar de su amor y porque su gracia nos basta para afrontar las dificultades de nuestra vida y ministerio sacerdotales. En segundo lugar, le ofrecemos fraternidad concreta que ilumine, sane y motive vocacionalmente; le ayudamos a que comparta establemente con otros hermanos sacerdotes, en comunidad de vida y ayuda, o en otras formas que lo ayuden a crecer integralmente. Y, en tercer lugar, le ayudamos a discernir lo que le pasa, por qué le pasa y qué provecho puede sacar de esa situación. De esa manera, lo acompañaremos a buscar y a recibir la ayuda integral para afrontar las causas que generan su desánimo.

Así me serviría que tú me ayudaras y así nos espera Jesús en el hermano que está necesitado. Vayamos a servirlo fraternalmente.

Julio