ÚNICA SALIDA

cruzSiguiendo nuestro compartir sobre el discipulado, a muchos de nosotros nos pasa como a los Discípulos. Nos interesa hacer, hacer, aún sin Jesús. Pedro manifestó que quería irse a pescar, otros seis se le unieron. No lograron pescar durante toda la noche, pero con las indicaciones de Jesús, solo en un rato pescaron muchísimos peces. Se asombraron de ello y reconocieron que era el Señor resucitado quien los estaba ayudando, comieron con Él y disfrutaron de su compañía y ayuda (Cf. Jn 21, 7 – 14). 

Luego, Jesús examinó a Pedro sobre su amor y sobre su discipulado. Aunque Pedro tres veces aseguró amar a Jesús, Jesús le hizo reconocer que lo que llamaba amarlo era más el sentirse bien con Él, pero que estaba centrado en sí mismo, se ceñía la ropa a su manera e iba a donde quería, se mandaba solo. No tenía el amor que Jesús esperaba de él. Le anunció que con misericordia le ayudaría a cambiar para que aprendiera a amar y a dar su vida por Jesús, amándolo más que los demás (Cf. 21, 18). Jesús les hizo comprender a sus discípulos que, para pastorear en su Nombre, se necesita amarlo más que los demás; y que, para amarlo, se necesita responder continuamente al “sígueme”: vivir con Él y como Él. Por eso, después de todo, no llamó a Pedro a “pastorear” sino a “seguirlo” (Cf. Jn 21,19).

Si Jesús nos examina a nosotros sobre nuestro amor y sobre nuestro discipulado, seguramente nos dirá “sígueme”, para que aprendamos a amarlo y para que, con ello, logremos hacer un buen pastoreo de sus ovejas. Fortalecer el discipulado es absolutamente necesario. ¿Verdad? Unámonos a otros hermanos para ayudarnos en este camino.

Julio