MIS 99 OVEJAS

PASTORDicen que, en América Latina, los católicos practicantes no llegamos al 15% de los bautizados. En muchas regiones y parroquias hay “grupos enteros de bautizados que han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros vivos de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio” (Redemptoris Missio, 33) ¿Cuántos de esos cristianos hay en tu parroquia?.

Algunos se han puesto a analizar los motivos por los que esos hermanos se alejan, o van dejando su fe cristiana. Como constantes han encontrado: para algunos es el ambiente secularista que los arrastra; otros lo hacen por buscar una vida más fácil y libre; otros porque no encuentran el buen alimento de la Palabra, o el calor de la comunión fraterna, o el espacio para participar activamente; otros sufren desánimo por malos tratos, o antitestimonios recibidos, o por la mediocridad que perciben en muchos cristianos, incluso en nosotros.

Estas situaciones nos interrogan y generan en nosotros sacerdotes diversas reacciones: la indiferencia de algunos, que no les duele, se contentan con echar la culpa a otros; el comodismo de otros, que se tranquilizan sirviendo solo a los católicos que vienen a buscarlos; o el compromiso de otros, que sienten la urgencia de salir a encontrar a esos hermanos, aunque estén lejos, o escondidos.

¿Cuántas buenas ovejas tienes? ¿Dónde están tus 99 ovejas? ¿Cuántas tienes que buscar y ayudar? Algunos pocos tienen bien las 99 ovejas y van por la ovejita perdida; pero muchos, al contrario: tenemos una o pocas ovejitas y nos falta ir por las 99, o por muchas ovejas alejadas, indiferentes o no practicantes.

Es el amor misericordioso de Jesucristo el que nos mueve a buscar a esos católicos alejados hasta encontrarlos, para servirlos como buenos samaritanos (Cf. Lc 10, 29 - 37), para compartir camino con ellos y para ayudarlos en su vida personal, en su re – encuentro con Jesucristo y en su reincorporación a la comunidad eclesial. Es exigente, nos incomoda, nos hace salir con Jesús a buscarlos. Ese será el camino para recibir, nosotros y ellos, las mayores bendiciones. Compartamos con algunos hermanos de la comunidad y con algunos sacerdotes esta reflexión y nuestras iniciativas para salir a encontrarlos.

Julio