UD, PRIMERO

visitaUn sacerdote motivaba, nuevamente, a sus fieles a cambiar, a dar pasos de conversión. Uno de sus fieles, cansado de que le repitieran tanto lo de la conversión, se levantó y le dijo al sacerdote: ¿Por qué no cambia Ud. primero? Fue una intervención dura para el sacerdote, pero de todas maneras le sirvió para reconocer que hay que hablar menos con las palabras y más con el testimonio, con la vida y las obras. Reconoció que él también necesitaba de conversión, que tenía que cambiar para que no lo cambiaran.

Algo parecido nos ocurre cuando comenzamos la Cuaresma. A veces, no sentimos que necesitemos conversión, o nuevas ayudas de Dios. Sentimos que podemos seguir así como vamos. Se necesita una gracia de Dios, una voz, algún sacudón, que nos despierte a la conversión. ¿Verdad?

Al ponernos, humildemente, delante de Dios, sentimos con pesar que nos falta mucho para corresponder a su gran amor. Nos arrepentimos de los pasos que hemos dado lejos de Él y reconocemos que tenemos pendiente reparar el mal que hemos hecho con nuestras palabras, acciones, comportamientos y omisiones culpables.

En esta Cuaresma, nuevamente el Señor nos habla al corazón. Nos propone pasos para nuestra conversión, nos ofrece su ayuda para realizar las obras de misericordia y nos acompaña para crecer en una vida santa. El mensaje del Santo Padre para la Cuaresma, los textos litúrgicos y las necesidades de nuestros hermanos, hacen parte de esa voz de Dios que nos lleva a dar pasos para que en esta Pascua podamos estrenar corazón.

Se necesita dar el paso, antes que contentarse con predicar a los demás. Ud. primero, en el acercarte a Dios. Ud. primero en el llenarte del amor misericordioso de Dios. Ud. primero en el dar pasos de conversión. Ud. primero en ir por el camino de ser santo. Ud. primero, para que sea la mejor Cuaresma de tu vida. ¡Hagámoslo, por amor a Dios, a nosotros mismos y por amor a nuestros feligreses!

Julio