ESO QUIERO

PASTORVarias personas nos han felicitado en la fiesta del Buen Pastor. Ese afecto nos ha oxigenado y nos anima a vivir plenamente nuestra vocación y misión. Comienza otra semana y volvemos a las limitaciones para movilizarnos y a las dificultades para realizar nuestros servicios pastorales ordinarios. Todo ello nos hace sentir nuestra precariedad y nos lleva a preguntarnos sobre el sentido y el valor de nuestra vida y de nuestras actividades. No somos dirigentes o líderes sociales, ni médicos, pero sentimos más sed de estar con nuestros fieles y de servirles con todo. ¿Verdad?

Mirando a Jesús, Buen Pastor (Cf. Jn 10, 1 - 16), comprendemos mejor lo que somos, lo que vivimos y lo que hacemos. Apreciamos el don de la caridad pastoral, con el cual en la ordenación fuimos configurados con Él y consagrados (Cf. Los documentos eclesiales PO, PDV, DMVP). En el Buen Pastor comprendemos, también, nuestra identidad, vida y misión de ir a pastorear una comunidad, de vivir una vida obediente, humilde y amorosa como la suya, y de servir dando nuestra vida por los hermanos que Él nos encomienda servir.

Qué gracia de Dios tan grande la de tener consciencia y asumir nosotros el ser, vivir y obrar con el Buen Pastor, como Él y por Él. Seguramente, cada uno manifiesta que eso es lo que quiere.

Felicitaciones, entonces, a cada uno de Uds., hermanos Obispos y Presbíteros, por ser, vivir y pastorear con Jesús, como Él y por Él. Que el Buen Pastor los siga haciendo pastores buenos y santos.

¡Hagámoslo!

Julio