LA CARIDAD QUE CONSTRUYE

encuentrovocacionalConstruir un templo, realizar grandes actividades parroquiales, celebrar con entusiasmo las fiestas patronales, todo es importante, Pero hay cosas que callada y efectivamente van construyendo más la vida de las personas y de la comunidad. Un conjunto de esas obras son las que realizamos con nuestro ministerio de la caridad.

El presbítero debe “enseñar también a los cristianos a no vivir sólo para sí, sino que, según las exigencias de la nueva ley de la caridad, ponga cada uno al servicio del otro el don que recibió y cumplan así todos cristianamente su deber en la comunidad humana.” (PO. 6).

Corresponde al presbítero promover la caridad, la cual se manifiesta en el compartir de bienes y de servicios. Con ello va la formación y organización para canalizar esos bienes y servicios en provecho del bien común.  

En concreto, se ha de ayudar a los fieles y a la comunidad a encarnar su caridad en la realización de las obras de misericordia, según los dones y las posibilidades de cada uno. Han de mostrar la fe con caridad en las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y en las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. (Cf. MV, 15).

La caridad pastoral nos lleva a los presbíteros a dar la vida, con Jesús, como Jesús y por Él, en servicio a los hermanos que nos ha confiado. Entre esos hermanos están los de nuestro presbiterio, con los que el sacramento del Orden nos ha unido con fuertes vínculos de caridad pastoral, fraternidad sacramental y ministerio pastoral (Cf. PO, 8). Las obras de misericordia serán parte importante de lo que hagamos para ayudar a esos hermanos del presbiterio a crecer integralmente y a ser buenos y santos pastores. Es ayudar con caridad a un triplemente hermano. Una prioridad para nosotros, entonces, será mejorar nuestras obras de misericordia con los hermanos del presbiterio. ¡Hagámoslo!

¡Hagámoslo!

Julio