BUENOS SAMARITANOS

enfermoPor la enfermedad pasamos todos. Algunos, por enfermedades temporales. Otros, por enfermedades permanentes. Otros por enfermedades terminales. Pero todos necesitados de asistencia médica, medicinas, recurso económicos; o de apoyos para realizar las correspondientes diligencias; o necesitados del acompañamiento fraterno para afrontar esas diversas situaciones. De todas maneras, la enfermedad genera sufrimiento e incide en aspectos físicos, espirituales y pastorales de la vida y ministerio de los presbíteros.

En una visita a esos hermanos, ¿qué se le puede decir? No somos médicos, ni tenemos a veces muchos recursos para apoyar a estos hermanos enfermos. Pero siempre podemos hacerles el mejor servicio, el aporte más importante: acompañar y ayudar al hermano sacerdote enfermo para que de su enfermedad saque provecho espiritual. Eso se logra viviendo la enfermedad como un “camino” para dar pasos de acercamiento a Dios; viviéndola como una “escuela” en la que se aprende a amar; como una “fuente” para recibir especiales bendiciones de Dios; y como un “servicio” de oración por los hermanos más necesitados.

Además, en favor de todos los hermanos sacerdotes tendremos que unirnos para fortalecer la pastoral presbiteral “preventiva” con buenos sistemas de seguridad social y para hacer controles médicos oportunos para todos. Así evitaremos enfermedades previsibles. Y, en favor de los que ya están enfermos, tendremos que fortalecer la pastoral presbiteral “curativa” con servicios oportunos y eficientes, integrales y diferenciados, conforme a la situación de cada uno.

Siempre será un buen gesto fraterno animar al hermano enfermo para que supere bien la enfermedad y pueda regresar a su plenitud de vida y de ministerio. Tenemos el desafío a ser Buen Samaritano con cada uno de estos hermanos enfermos. Sacar tiempo para ellos, compartir recursos para sus necesidades, entregarse a trabajar por la recuperación de estos hermanos enfermos. Lo hacemos porque ellos necesitan y son nuestros hermanos. También, porque es Jesús el que espera ser servido por nosotros en ese hermano. Y lo hacemos sabiendo que Dios nos bendice abundantemente por tener esa misericordia de visitarlo a Él en los enfermos.

Que todo esto nos lleve a acompañar y a ayudar más y mejor a nuestros hermanos enfermos. Visitemos algunos de ellos en estos días, y que durante esa visita escuchemos: estuve enfermo y me visitasteis (Mt 25, 36).

Julio