Fraternidad Sacerdotal

Celebrar la Fraternidad


Luego de un grave problema, el P. Esteban desapareció de la comunidad sin dejar ningún rastro. Sus compañeros no lograban ubicarlo; pero uno de ellos que había caminado con él, pensó que debía estar en casa del hermano menor, pues le había confiado ser su hermano más querido. Así que invitó a otros cohermanos más y fueron a visitarlo. Era verano y llegaron a la casa con refrescos, pan, jamón y helados. El P. Esteban, asustado y sorprendido les abrió la puerta. Y empezó la fiesta, se habló de todo, del clima, de deportes, del gobierno; pero nadie le dijo nada sobre su situación, ni le preguntaron nada, ¡ni una palabra! Solo celebraron la fraternidad.

Al otro día, conmovido, el padre  regresó a la comunidad,  vivió y murió como un santo sacerdote. Al organizador de aquella memorable reunión, el padre le envió una tarjeta diciendo: -“¡Mientras haya amigos como tú, vale la pena seguir adelante!” … Quiera Dios que con nuestras actitudes seamos los hermanos y amigos por los cuales, vale la pena que otros sigan adelante.

 

Fraternidad sacerdotal es más que un concepto teológico, es espiritualidad y es vida. El sacerdote es mi “doblemente hermano” por ser mi hermano en el bautismo y en el sacerdocio y si somos de la misma diócesis somos “triplemente hermanos”. El hermano sacerdote es un regalo de Dios para mí, con todo lo que es y con todo lo positivo que tiene  (carismas, valores, bienes, etc.). Abro espacio a mi hermano. Me abro a reconocer, recibir, apreciar, aprovechar bien el regalo de Dios en mi hermano. Así supero la tentación de orgullo, autosuficiencia, encerramiento y egoísmo. Siento necesidad de lo que Dios me da a través del hermano y me abro con gratitud a recibirlo y a aprovecharlo. Al mismo tiempo soy recibido y aceptado por el otro.

Pero la raíz de todo esto, estará siempre en la voluntad divina “que todos sean uno”. Y los ministros consagrados, depositarios de ese mensaje comparten con entusiasmo y mística esa vocación. Ahora, el sacerdote ya no está solo, no es un Elías luchando contra el mundo, es uno del “colegio apostólico” que sale con la fuerza de la comunidad y vuelve a ella para recargar el espíritu y descansar el cuerpo, porque la fraternidad es su casa y su alimento. Por eso mismo, la insistencia de Jesús de formar comunidad con los doce.

Hermanos-amigos, ésta es una vocación nuestra y es nuestra realidad. Pero como es un dato de Fe, debemos suscitarla por medio de la fe traducida en oración. Roguemos por nuestra fraternidad sacerdotal.

“El Santo Cura de Ars a un joven sacerdote que, aparentemente, no veía frutos pastorales, le recriminaba amablemente:

¿No será que no rezas con fe?

¿No será que no lo haces frecuentemente?

¿No será que no lo haces con insistencia?”


Fe, frecuencia e insistencia son tres termómetros que ponen sobre la mesa la verdad y la profundidad de nuestra fraternidad sacerdotal.

Hermanos no olvidemos que debemos ser una sola alma y un solo corazón para que hoy como ayer la gente acepte el mensaje del evangelio comentando - ¡Miren cómo se aman!, ¡nosotros también queremos ser como ellos!

Esto implica un renovar la fe en Cristo, con la certeza de que la forma sacerdotal no depende del mundo sino que es don del Espíritu, aceptado y cultivado con fidelidad. Ciertamente, el Espíritu del Señor es el gran protagonista de nuestra vida espiritual. El crea el «corazón nuevo», lo anima y lo guía con la «ley nueva» de la caridad, de la caridad pastoral.

Los presbíteros, constituidos por la ordenación en el orden del presbiterado, se unen todos entre sí por íntima fraternidad sacramental; pero especialmente en la diócesis,…forman un solo presbiterio (P.O. 8)

Juan de Dios Rojas P.