Fraternidad Sacerdotal

FRATERNIDAD SACERDOTAL ¿Idealismo o utopía?

Mons. Juan de Dios Rojas Pajuelo

En el mundo moderno, tan zarandeado por doctrinas opuestas y contrapuestas, con una aceptación plena del pluralismo y el surgir de variados movimientos en el seno de la Iglesia, podemos encontrar sacerdotes que ven las cosas “en modo diferente” del cohermano. Puede y de hecho muchas veces se filtra un sutil rechazo de la posición contraria, que identifica ideas con personas, de tal modo que, no aceptando las ideas, no se acepta al otro, hasta volverlo antipático y hostil. Puede en este contexto hablarse aún de “fraternidad sacerdotal”?.

Para responder a esta pregunta quisiera que refrescáramos nuestra memoria con algunos conceptos “antiguos” y siempre inspiradores.

Ante todo conviene recordar que la fraternidad no solo nace en la ordenación sino que se construye día a día con una fuerte dosis de espiritualidad. Es necesario pedir el don de la fraternidad y purificarse cada día pidiendo perdón por las faltas a la caridad fraterna y por el escándalo y anti testimonio que produce frente a los demás.

San Pablo nos ilumina diciendo que Cristo nos ha reconciliado, ha hecho de los dos pueblos o dos “bandos” uno solo, y ya no hay para él progresista o conservador, ortodoxo o liberal, todos son uno en Cristo Jesús (cfr.Gal.3,28).

 

Vayamos ahora a recordar ahora lo que nos decía la Iglesia ya hace más de cuarenta años. “Todos los sacerdotes diocesanos estén unidos entre sí y estimúlense por el celo del bien espiritual de toda la diócesis” (Optatam Totius n° 28) Y recomienda renovar la comunión de los sacerdotes como fuerza para el apostolado y testimonio de caridad (n°30).

 

La pertenencia al cuerpo místico de Cristo es la base de la fraternidad. Y los presbíteros deben expresar en su vida la comunión eucarística que celebran. A esto se agrega un factor práctico pues “ningún presbítero puede cumplir cabalmente su misión aislada o individualmente, sino tan solo uniendo sus fuerzas con otros presbíteros bajo la dirección de quienes están al frente de la Iglesia (cfr. Presbyterorum Ordinis n° 7). Luego afirmará el concilio que los sacerdotes están “unidos por una íntima fraternidad sacramental, por consiguiente, todos los trabajos, proyectos e ideas tienden al mismo fin: La edificación del cuerpo de Cristo”. Y cada presbítero unido al otro por la caridad, oración y total cooperación manifiesta la unidad querida por el salvador “que todos sean uno” (Jn.17,23). A continuación recomienda vivamente el cultivo de la hospitalidad, acogida, beneficencia y asistencia mutua, y aún la reunión “gustosos y alegres para descansar” (n°8). Insiste en la necesidad de promover variadas formas de vida común y en favorecer las asociaciones de presbíteros. Lejos de criticar, escandalizarse o marginar al hermano difícil o en crisis, por la misma razón de comunión se recomienda “sentirse especialmente obligado con aquellos que se encuentran en alguna dificultad” (n°81).

Aparecida dice que “el ministerio sacerdotal que brota del orden sagrado tiene una radical ‘forma comunitaria’ y solo puede ser desarrollado como una ‘tarea colectiva’” (n°195).

Pasando al actuar de la Iglesia misma, me impresiona el ejemplo de San Benito y llama la atención el “cuidado religioso” que recomienda a sus monjes para con los huéspedes. No es un puro acto de cortesía, sino un encuentro con Cristo que viene en el hermano, independientemente como sea él. Cfr. Regla de los Benedictinos cap.53). Si tal solicitud hay hacia los de fuera, ¡qué será hacia los de dentro que comparten la misma vida y la misma fe?! … Tenemos que volver al ejemplo de los maestros de fraternidad y descubrir en el hermano presbítero al mismo Cristo, adorado por el ministerio sacerdotal.

Muchos dones y gracias pedimos al Señor; pero ninguno tan necesario como el don de la fraternidad “para ser y encontrar hermanos de verdad”. A este respecto agradezco a la UAC por promover entre los presbíteros el espíritu de comunión y fraternidad (Estatutos n°30).

Al inicio preguntábamos sobre Fraternidad Sacerdotal, ¿Idealismo o utopía?, podemos responder ahora: - Ninguno de los dos. “La fraternidad sacerdotal es un fruto delicioso con sabor evangélico”.

Mons. Juan de Dios Rojas Pajuelo