viejo

¿Viejo yo? Viejos mis documentos, porque mi corazón y mis ánimos son los del mejor joven. Así le respondía un sacerdote mayor a otros que le bromeaban por su edad. Es la realidad: unos son sacerdotes jóvenes por su pocos años, por su entusiasmo, su creatividad y su voluntad de hacerlo todo para mejorar el mundo. Otros son jóvenes por el ánimo y voluntad de servicio en todos los momentos de su vida.

Para unos y para otros, se trata de estar en fidelidad y renovación continuas para ser jóvenes siempre. El camino que nos sirve a todos es el de la fraternidad y ayuda recíproca. Como nos pide el Concilio Vaticano II: “Los que son de edad más avanzada, reciban a los jóvenes como hermanos, y ayúdenles en sus primeras empresas y cargas del ministerio, y esfuércense en comprender su mentalidad, aunque diversa de la propia, y miren con benevolencia sus empresas. Los jóvenes, por su parte, respeten la edad y experiencia de los viejos, consulten con ellos las cosas que atañen a la cura de almas y colaboren de buena gana a su lado” (PO, 8).

Para vivir siempre jóvenes, del Sínodo sobre los jóvenes en la vida y misión de la Iglesia hemos estado recibiendo y recibiremos un documento pontificio posterior que nos ayudará a todos a aprovechar y vivir los valores de la juventud, a relacionarnos mejor con los hermanos jóvenes y a servir con ellos a los hermanos en nuestra diócesis.

La fidelidad y renovación continuas, de cada uno en su propia edad, nos mantendrá jóvenes siempre. Pongámoslo en práctica compartiendo con otro hermano del presbiterio, sobre pasos que podríamos dar para mejorar nuestra comunión y ayuda fraternas y para ayudar a superar indiferencias, desprecios, resistencias y conflictos, entre sacerdotes jóvenes y sacerdotes mayores. Nos servirá todos.

Julio