Jesus en la Barca¿Por qué la Iglesia nos insiste tanto en ello? Cuando habla de nuestra vida y ministerio nos dice que lo primero es estar con Cristo Mc 3, 13), vivir con Él y vivir como Él. En las orientaciones de la Iglesia en América Latina, la opción prioritaria es la de formar discípulos misioneros y comunidades de discípulos misioneros. Para esa tarea, dice cómo ha de ser el discípulo - pastor (Doc. Aparecida, 193 – 201). Y, ahora, en las normas para la formación de los presbíteros, el eje fundamental es el discipulado, que se complementa con la formación integral, lleva a la comunión fraterna y a la realización de nuestra misión pastoral (Cf. RFIS, 3) Por todos los lados, se nos insiste en que primero hemos de ser buenos discípulos para ser buenos pastores.

Realmente, todo esto viene desde Jesús. Como a los primeros discípulos, Jesús nos dice “Vengan y vean” (Jn 1, 35 – 43). Ellos dejándolo todo, lo siguieron (Mt 4, 18 – 22; 19, 27 – 30). Jesús los fue haciendo sus discípulos y la respuesta de ellos fue: ir con Jesús, o detrás siguiendo sus pasos; aprender su enseñanza e imitar su vida; identificarse con Él, dejarlo obrar en ellos, hasta dejarse transformar por Él y formarse en ellos (Cf. Gal 2, 20; 4, 19). Este “seguir” a Jesús los llevó a creer en Él y a confesar públicamente la fe en Él; a ser discípulos de Jesús y hacer discípulos para Jesús (Cf. Mt 28, 19 – 20).

 

Hacer bien el “discipulado” es el mejor camino. Nos lleva a Vivir con Él, vivir de Él y en Él. Ir, ver, encontrarse, quedarse con Él, permanecer en Él, en su amor, participar de su vida. Crecer en conocimiento personal y adhesión a Él. Y, simultáneamente, nos lleva a Vivir como Él, vivir para Él, escuchar y poner en práctica su Palabra, haciendo el proceso de seguimiento, imitación, configuración con Él. Nos comprometemos con todo a amarlo y servirlo.

Para nosotros pastores, la fuente y meta de este discipulado es el Buen pastor: vivir con Él y de Él, hasta que Cristo viva y se forme plenamente en nosotros (Cf Gal 2, 19 – 20). El modelo con el cual nos configuramos es Cristo Pastor, Cabeza y Esposo. Vivimos “como los Apóstoles con Jesús”. Como sus “amigos especiales” y como sus discípulos”. Vivimos con Él, como Él y por Él.

Asumamos de corazón hacer este proceso continuo de discípulos - presbíteros, que nos llevará a ser buenos pastores y a tener mejores frutos pastorales. Compartamos con otros hermanos diversos pasos de “discipulado”. Nos hará buenos y felices pastores.

Julio