corazonllamaesA veces, vamos dando pasos por nuestro camino y solo con nuestras propias fuerzas: en esto pasamos años y lo que logramos no es mucho. Otras veces, caminamos con Dios y con la fuerza de su amor: los frutos en poco tiempo son muchos.

¿Por cuál camino ir? Aunque yo lleve varios años de sacerdocio, cada día necesito recomenzarlo, dando pasos nuevos. ¿Por dónde recomenzar? ¿Qué es lo fundamental para que mi vida y mi ministerio vaya teniendo buenos frutos? ¿Qué es lo que no me puede faltar en el trabajo y en mi vida? Lo primero y fundamental, lo que he de hacer antes y por encima de todas las otras cosas, es “dejarme amar” de Dios Amor, abriendo mi corazón y dejando que Él entre y me llene con su amor. “Dejarme amar” porque Dios Amor me ama inmensamente. Para que sea Cristo quien viva en mí (Cf. Gal. 2, 19- 20). Ello me llevará a vivir con Él, con una amistad creciente. Con este “dejarme amar”, Jesús, me irá llevando, por su Espíritu, a Vivir como El, a tener sus mismos sentimientos, su amor, su estilo de vida y su caridad de Buen Pastor.

Para “dejarnos amar” de Dios Amor hemos de encontrarnos con Él y seguirlo haciéndonos sus amigos e imitando su vida; apreciar su amor personal inmenso (cf. Mc. 3, 13); agradecerle ese amor misericordioso hacia nosotros y hacia mis hermanos; adorar humildemente su grandeza, su santidad, ante lo cual reconocemos nuestra propia debilidad; poner en Él nuestra confianza y abandonarnos en sus brazos amorosos, para ser enteramente suyos y para permanecer siempre en su amor; asumir el camino de hacernos pequeños (cf. Lc 10,21) para recorrer el camino del dejarme amar del Dios Amor, amarlo con todo, amar con su amor y hacerlo amar de todos. Es camino de amor feliz y camino de verdadero progreso. Y todo recomienza con el “dejarme amar” del Dios amor. ¿Verdad?

Compartamos con un hermano sacerdote sobre esta realidad y dediquemos, ante el sagrario, un buen espacio a encontrarnos con Jesús y a “dejarnos amar” más y más.

Julio