lucharNuestra reflexión con la Gaudete et Exsultate, considera ahora el capítulo final: “combate, vigilancia y discernimiento”, en el camino de la santificación.

No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana … Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones… Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal (Ver GE,159)… No pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. «Como león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1 P 5,8). (Ver GE,161)… En este camino, el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. (Ver GE,163).

 

Vigilancia respecto de la corrupción espiritual. Quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose … se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad (Ver GE,164, 165).

 

El discernimiento. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual (Ver GE,166). Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario (Ver GE,167)… Esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida. Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los «signos de los tiempos»— para reconocer los caminos de la libertad plena: «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (1 Ts 5,21). (Ver GE,168). El discernimiento… Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer… Al mismo tiempo, el discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones (Ver GE,169).

Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. … Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo (Ver GE,172)… Tal actitud de escucha implica, por cierto, obediencia al Evangelio como último criterio, pero también al Magisterio que lo custodia, intentando encontrar en el tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de la salvación (Ver GE, 173)… No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo (Ver GE, 174)… El discernimiento es una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos. (Ver GE,175).  

María vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña (Ver GE, 176).

Julio