diocesisSu diócesis ¿Tiene una espiritualidad propia? Cada día son más los que reconocen que en cada diócesis hay algo propio que marca el estilo de vida y define la espiritualidad común de todos en la diócesis. La teología y la espiritualidad están profundizando en ello.

En la Iglesia particular está y obra la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica (CD 11). En este nivel se “vive” la espiritualidad cristiana de manera encarnada, en comunión y con proyección misionera universal. Por ello, podríamos decir que la espiritualidad diocesana es el camino y los medios propios de una Iglesia particular para lograr, en el Espíritu, su santificación y la de sus miembros.

En la realidad “particular” de la Diócesis todos encontramos el espacio y la fuente fundamental para encarnar la espiritualidad cristiana: en su vida, su historia de salvación, su organización, su

actividad evangelizadora, sus comunidades, su proceso pastoral, su obispo y su presbiterio, las gracias particulares que recibe, sus recursos propios, sus valores particulares y sus necesidades especiales, etc. Todos estamos llamados a aprovechar la espiritualidad de la Diócesis como fuente, estímulo, camino de crecimiento en el Espíritu, de santificación personal y comunitaria.

Los presbíteros vivimos de nuestra Iglesia Particular y por ella. Participamos de la vida y de la pastoral diocesanas. Tenemos una dedicación pastoral y una misión en la Iglesia particular, que desarrollamos en ella y al servicio de ella. Como nos dice la Pastores Dabo Vobis, “Es necesario que el sacerdote tenga la conciencia de que su «estar en una Iglesia particular» constituye, por su

propia naturaleza, un elemento calificativo para vivir una espiritualidad cristiana. Por ello, el presbítero encuentra, precisamente en su pertenencia y dedicación a la Iglesia particular, una fuente de significados, de criterios de discernimiento y de acción, que configuran tanto su misión pastoral, como su vida espiritual…” (PDV 31). Este es el camino del Espíritu y el nuestro para la santificación de la Diócesis y la nuestra. Un camino que nos exige encarnar nuestra vida y nuestro servicio pastoral en la realidad diocesana. Los presbíteros asumimos y vivimos la espiritualidad diocesana propia, de acuerdo con nuestra identidad personal, al don recibido en el Orden sagrado, a nuestra realidad de pastores y a nuestra vida y misión en la Iglesia particular.

Vivir la espiritualidad diocesana nos santifica porque: Nos une al Buen Pastor y nos ayuda a permanecer fieles en su amor; Aviva en nosotros nuestra caridad pastoral, con los dones y exigencias de su vida y pastoral; Y nos configura con Cristo Pastor, en la realidad concreta de nuestra diócesis.

¿Cuáles son los elementos propios de su diócesis que determinan el estilo común de seguimiento, comunión y misión? ¿Cómo ser pastores santos en conformidad y con base en esos elementos propios? Dialoguemos con otros hermanos sobre esta importante realidad y sobre sus consecuencias.

Julio