visita3Un hermano sacerdote fue corriendo a preguntar a dos hermanos sacerdotes que ya habían salido de su casa, después de una agradable visita, ¿Uds. a qué vinieron? El hermano se había quedado pensando que no habían hablado de nada formal, ni él había tenido que dar informaciones, todo había transcurrido con naturalidad. Sin embargo, ¿Por qué lo habían visitado? ¿Qué motivos había para ello? Ellos le respondieron que no habían ido a revisar nada, solo se habían propuesto compartir como hermanos un rato con él. Así, todos quedaron contentos porque el resultado fue grande: creció su amistad, se fortaleció el hermano que se sentía solo y quedaron unidos para seguirse ayudando. Esa fué como la mejor visita, en la que lo más importante es la persona del visitado y la del visitante. Lo demás es secundario.

A veces, va uno solo a la visita. Otras veces, vamos acompañados con otro hermano. Igualmente, a veces, visitamos a un hermano; otras veces visitamos a varios hermanos juntos. A veces, vamos a su casa; otras veces, nos ponemos de acuerdo para encontrarnos en otro lugar.

Hay hermanos a quienes les da pena que los visiten, no están enseñados a recibir, ni le gusta pedir. Pero, aún ellos, se animan a recibir la visita porque se trata de algo natural, fraterno, en donde ninguno es más que el otro. Somos hermanos, doblemente hermanos por el orden sagrado y hasta triplemente hermanos como miembros del mismo presbiterio. No importa que alguna vez se nieguen a recibirnos, o que alguien nos tire la puerta, Aún en ese caso, seguimos adelante construyendo fraternidad, compartiendo bien para que todos progresemos como buenos y santos pastores.

Para una buena visita fraterna ente los pastores se necesita que lo que nos mueva a hacerla sea la caridad pastoral, el amor del Buen Pastor, que nos una y nos impulse a compartir para gloria de Dios y para bien del hermano. Con gusto, buscamos visitar a Jesús en el hermano, recordando lo que Él mismo nos enseñó: estuve enfermo, en la cárcel, necesitado y viniste a verme (Cf. Mt 25, 36). Por ello, la vista la hacemos con el respeto, ternura y amor de Jesús. La hacemos con Él y por Él. El hermano recibirá la ayuda de Jesús y nosotros recibiremos muchas bendiciones.

Uno toma la iniciativa de ir a encontrar a su hermano y a compartir fraternalmente con él. El hermano acepta fraternalmente a quien viene a visitarlo.

La visita comienza orando por el hermano a quien vamos a visitar. Nos preparamos para ir con Jesús y como Jesús. Además, preparamos con anticipación lo que vamos a compartir. Y le llevamos algún detalle, unos dulces, algo que muestre nuestro afecto fraterno y que después le haga recordar la visita.

El visitante ofrece un afectuoso saludo, el visitado ofrece una generosa acogida. Será muy importante, además, comentar el motivo fraterno de nuestra visita.

Siempre ayuda mucho el dar reconocimiento positivo con el cual apreciemos las cosas, las acciones y los valores del hermano. Eso sí, evitamos chismosear, hablar mal de los demás, enjuiciar, controlar.

Además, nos motivamos recíprocamente a mejorar nuestra vida y ministerio Compartimos alegría, esperanza y algunas vivencias. Y, antes de despedirnos, ponemos todo en las manos de nuestro Buen Pastor y manifestamos nuestro propósito de seguir compartiendo para apoyarnos como buenos hermanos.

Jesús nos espera en varios hermanos sacerdotes. Comencemos por alguno de ellos, haciéndole, esta semana, la mejor visita.

Julio