descansoNos estamos organizando para vivir un año mejor, con mayores frutos personales y comunitarios. Para ello, una de las cosas que necesitamos organizar es nuestro descanso. ¿Verdad?

Hay extremos que nos conviene evitar: el del hermano que vive una vida light, sin mucho compromiso y buscando comodidad y diversión; y el del otro extremo que, por motivos discutibles, hace años no toma vacaciones. Ni una cosa, ni otra. Por necesidad física, emocional y espiritual, necesitamos tomar oportunamente un buen descanso.

Algunos tenemos demasiado trabajo y nos cuesta dejarlo para descansar un poco. Lo mismo le pasaba a Jesús y, sin embargo, Él buscaba ir con los Apóstoles a un lugar tranquilo para orar y descansar un poco (Cf. Mt 6, 30-31). Lograba el equilibrio entre la acción, la oración y el descanso. La oración no tiene vacaciones y proporciona un descanso especial.

Tomar un buen descanso ayuda a mejorar la oración, la reflexión y el trabajo. Es parte del camino para cada uno de nosotros. El buen descanso diario con el sueño sereno y suficiente y con los espacios para la oxigenación de la actividad diaria. El buen descanso semanal, al menos, con un espacio para separarnos del trabajo y realizar otras actividades que nos distensionen y descansen. El buen descanso mensual, al menos de un día, para nuestro retiro mensual y para otras actividades de descanso físico y emocional. El descanso de las vacaciones anuales, para las diversas actividades personales y familiares que nos descansen para retomar el trabajo.

Pongámosle fecha y hora para tomar ese buen descanso diario, semanal, mensual y anual.

Beneficiará mucho nuestra vida y ministerio. ¡Hagámoslo!

Julio