madreEn estos días, con gusto, una madre de sacerdote me comentaba que ella, desde pequeña, oraba con sus padres y recibía sus enseñanzas. Con sus hijos, desde los cinco años, los hacía orar y les enseñaba el catecismo. Así, los vió crecer con buena vida cristiana. Ahora, ella ora cada día por cada uno de ellos. Cada uno va por su camino sirviendo a Dios y a su propia familia. Dos de sus hijos son buenos sacerdotes.

Cómo esa madre, así nos ha amado y acompañado nuestra propia madre. Sigue orando por nosotros y ayudándonos en todo lo que ella puede. Sufre por nuestras dificultades, goza con nuestros buenos pasos, nos aconseja con amor. También, si ella ya está en el cielo.

Preparemos y celebremos con especial gratitud y amor, la próxima fiesta de nuestra madre. Por ella podemos hacer más y más,

Ayudemos a que las madres de sacerdotes reciban apoyo espiritual para su vida y misión. Ayudemos a realizar bien el encuentro diocesano de la familia de los sacerdotes y de los seminaristas. Y, sobre todo, ayudemos a que haya el encuentro mensual de las madres de sacerdotes, que se haga en cada diócesis, o en algunas parroquias. Con ello, ayudaremos a que cada una reciba amor y fortaleza de Dios, la compañía de María y sea una madre santa y feliz, cada día.

Julio