visitaHay momentos y situaciones que nos desequilibran y nos hacen sentir débiles, frágiles. Por ejemplo, ante una enfermedad, un accidente, la pérdida de un ser querido, un conflicto en la comunidad, un problema personal. Aún así, mostramos que somos fuertes, que no necesitamos de ayuda, que solos podemos ir adelante. Nos incomoda que nos compadezcan y hasta que nos ofrezcan ayuda.

Gracias a Dios, hay buenos hermanos que, a tiempo, sienten nuestro dolor, se nos acercan a darnos la mano (Cf. Lc 10), sin importarles el riesgo de que les tiremos la puerta, que no les aceptemos su ayuda y hasta que los ofendamos. Ahí siguen ellos, no se desaniman, insisten. Lo hacen por amor a Dios y por fraternidad y por nuestro bien.

Ciertamente, nada se pierde de lo sembrado a tiempo y del bien que se hace bien, ni queda sin fruto la mano amiga ofrecida con humildad. Todo esto nos anima a abrirnos a recibir mejor a esos buenos hermanos. Y nos mueve a ir nosotros mismos a dar la mano a tiempo a otros hermanos que lo necesitan. Será una ayuda para ellos y una bendición para cada uno de nosotros.

Hagámoslo a tiempo. Jesús nos espera en algunos de esos hermanos. Jesús nos da la mano a través de buenos hermanos. A tiempo, démonos la mano para superar nuestras debilidades y para ser pastores santos.

Julio