amarloHemos estado reflexionando sobre el caminito que Dios nos ha dado para ser felices y para tener muchos frutos. Los tres pasos de “dejarnos amar de Dios”, “amar a Dios con todo” y amar al prójimo con el amor de Dios”, llegan a su culmen en el “hacerlo amar de todos”.

Esta es nuestra misión: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del          Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 19-20). O sea, es la misión de hacer que todos conozcan a Jesús, lo amen y lo sirvan. Por amor a Dios salimos, entonces, a sembrar la Palabra, el amor y la vida nueva recibida de Dios y ayudamos a los hermanos a que correspondan a su amor. Vamos con Jesús mismo, en sintonía con su amor y su voluntad. Por eso, aunque parezca muy difícil, con su ayuda vamos a donde Él quiera, a lo que Él quiera, como Él quiera, con los que Él quiera, cuando Él quiera. Es la mayor dicha: amar a Dios haciendo que lo amen los que están lejos y los que están cerca.

Así, seremos santos siendo buenos misioneros de Jesús. Y seremos sus buenos misioneros siendo santos. Felices, siendo misioneros y santos por este caminito de “dejarme amar” “amar a Dios con todo”, amar al prójimo con el amor de Dios” y “hacerlo amar de todos”.

Unámonos con otros hermanos para dar estos pasos en el Caminito” en el que Jesús mismo nos acompaña.

Julio