ministeriosEn la sociedad en la que vivimos, cada uno busca defender sus gustos, sus intereses, su libertad y su autonomía. También en el medio clerical, hay hermanos que quieren hacer solo su voluntad y algunos tienen conflictos con la autoridad. Muchos Superiores temen mandar y, más bien, preguntan, proponen y se acomodan a lo que los hermanos desean. ¿Quién obedece a quién?

Analicemos la experiencia de Jesús: su alimento fué hacer la voluntad del Padre, buscar su gloria, cumplir la misión como enviado del Padre. Por su fidelidad y obediencia fué exaltado a la diestra del Padre (Cf. Fil, 2, 6 – 11). Enseña a su discípulo a hacerse pequeño, a ser el último y el servidor de todos (Mt 20, 20 – 28). Llama a sus discípulos a seguirlo viviendo con Él y como Él. Es modelo de obediencia filial al Padre. Muestra el camino de hacer la voluntad del Padre para poder entrar en el Reino de los cielos (Cf. Mt 7, 21- 27).

Se necesita conocer la voluntad de Dios, obedecerla y ofrecerle nuestra propia voluntad: quiero lo que Dios quiera que yo sea, lo que quiera que yo viva y haga. Voy a donde Dios quiera, con los que Dios me envíe, a lo que él me encomiende, cuando Él me pida, como Él quiera. Me gusta lo que le guste a Dios. Quiero hacer su voluntad y ser su voluntad. Así soy obediente con Jesús, como Jesús y por Él. ¿Sirve practicar esa obediencia?:

  • Ser obedientes nos une más a Cristo, nos sintoniza más con la voluntad del Padre y nos hace recibir mejor su ayuda.
  • Ser obediente nos ayuda a perfeccionar nuestra caridad pastoral. Nos ayuda a crecer en disponibilidad y compromiso para servir a Jesús en la Iglesia. Nos da mayor libertad para servir.
  • Ser obedientes nos ayuda a configurarnos más con Cristo pastor obediente y servidor humilde, tierno, misericordioso.
  • Ser obedientes nos une más a los demás evangelizadores, especialmente, a nuestro obispo y a los demás pastores. Ello nos ayuda a conseguir más y mejores frutos.

Como Jesús, me conviene:

  • Ofrecer mi voluntad a Dios: Hágase tu voluntad en mí y a través de mí.
  • Reconocer los signos de la voluntad de Dios, principalmente, en mi obispo. Ofrecer a mis Superiores una obediencia activa y de colaboración.
  • Discernir la voluntad de Dios y asumirla en mi proyecto personal de vida.
  • Aceptar las cruces con las cuales Dios me purifique para ser humilde y obediente.

Juntémonos con otros hermanos sacerdotes para compartir esta reflexión. Profundicemos con el n. 56 y 57 del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros. Podríamos acordar algo para ayudarnos a obedecer mejor, con Jesús, como Él y por Él. Hagámoslo.

Julio