familia¿Qué hago yo por mi familia y qué hace mi familia por mí? Entre los sacerdotes se encuentran las más diversas situaciones: desde la radical separación de la propia familia, hasta el vivir dependiendo y dedicado a ella.

La Iglesia nos recomienda aprovechar el afecto de nuestra familia y el apoyo que ella pueda ofrecer a nuestro ministerio (Pastores Dabo Vobis, n. 79). Hacerlo siempre con el equilibrio que asegure nuestra autonomía y defienda de interferencias a nuestra propia vida y ministerio.

Nuestra familia es uno de los regalos más grandes recibidos de Dios. Ella sigue significando mucho en nuestra vida y ministerio. Por eso, además de recibir el aporte de nuestra familia, hemos de servirla como buenos hijos y hermanos y, también, como sacerdotes que evangelicemos dentro de ella.

En este campo, podremos hacer mucho más con nuestra oración, nuestra palabra, nuestras visitas y con nuestros demás servicios. Podremos ayudar a que nuestra familia sea una familia según el corazón de Dios. ¿Verdad? Y podremos ayudar a que se fortalezcan los grupos de padres y madres de sacerdotes; promover el encuentro con su familia. En estos días, simultáneamente, tuvieron su encuentro de familia amplia las familias de dos sacerdotes (unos eran 70 participantes, otros eran 30). Además, podríamos desarrollar otras muchas iniciativas con nuestras familias. Hagámoslo en unión con otros hermanos sacerdotes.

Julio