firmezainteriorTambién en tu comunidad ¿Reinan la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios? Muy relacionado con ello, aunque somos sacerdotes, algunos afrontamos la tentación de buscar la seguridad interior en los éxitos, en los placeres vacíos, en las posesiones, en el dominio sobre los demás o en la imagen social. ¿Verdad?

El Papa Francisco describe cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo (Cf. Gaudete et exsultate, 111) y de santidad en el mundo actual, que con mucha utilidad iremos analizando, una a una, en nuestros números del Boletín.

La primera de estas grandes notas es estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene. Desde esa firmeza interior es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). Esto es fuente de la paz que se expresa en las actitudes de un santo. A partir de tal solidez interior, el testimonio de santidad está hecho de paciencia y constancia en el bien (GE, 112). Hace falta luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen (Cf. GE, 114). La firmeza interior, que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón (GE, 116) … Tal actitud [de firmeza interior] supone un corazón pacificado por Cristo, liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande. La misma pacificación que obra la gracia nos permite mantener una seguridad interior y aguantar, perseverar en el bien (GE, 121).

Que nos vean centrados y firmes en Dios. Con esa firmeza interior, viviríamos mejor nuestra fraternidad sacerdotal, nos ayudaríamos más unos a otros y superaríamos con mayor eficacia las dificultades que se nos presentan. Ayudémonos a buscar y a madurar en esa firmeza interior para vivir fiel y santamente nuestra vida y para sembrar la paz a través de nuestro ministerio.

Julio