abrazoninosMuchas personas pasan ante nosotros cada semana: hermanos sacerdotes, fieles laicos, religiosos(as), etc. A veces, sin que ellos incidan en nuestra vida; a veces, con mucho provecho para ellos y para nosotros. Depende de que con cada persona hagamos “discipulado”, como lo hacemos con un texto de la Palabra de Dios.

Ese discipulado lo hacemos haciendo varios pasos de discernimiento, vida y servicio. Los pasos principales de este discipulado serían:

  • Primero, con fe, discierno y reconozco la presencia de Dios en esa persona, la reconozco amada de Dios. Reconozco que él (ella) es mi hermano(a).
  • Luego, busco discernir y comprender para qué Dios permite mi encuentro o amistad con esa persona. Comprendo la voluntad de Dios sobre mis relaciones con las personas. Recibo el amor de Dios para superar la tentación del egoísmo y la indiferencia.
  • En seguida, con humildad y gratitud, recibo al(a) hermano(a) como “regalo de Dios” para mí y aprovecho los dones que Dios me da a través de ese hermano(a).
  • Después, discierno qué quiere Dios que yo haga por ese hermano. Me siento movido a ser buen samaritano (Cf. Lc 10) con mi hermano(a). Comparto y le ayudo con lo que Dios me ha dado. Obro, con misericordia, por Jesús y por ese hermano(a). El Señor me dirá: conmigo lo hicisteis (Cf. Mt 25).

Mañana, también, nos encontraremos con varias personas. ¿Para qué las pone Dios en nuestro camino? Mañana podremos recibir más de Dios a través de ellas y podremos ser mejores hermanos y servidores de ellas y de Dios en ellas. ¿Verdad? Pongámoslas y pongámonos en el corazón de Dios y salgamos al encuentro de esos hermanos(as). Cada día será mejor para nosotros y para ellos. 

Julio