samaritano2¿Qué me falta? ¿Qué me sobra?  La respuesta depende de lo que yo quiera tener, de cómo quiera vivir y cómo quiera ser. Lo cierto es que unos sacerdotes reciben mucho, otros pasan necesidad. Y Ud. y yo hemos oído hermanos que dicen: con lo mío yo hago lo que quiero… Para eso trabajo… Tengo derecho a gozar de esta vida… Tengo que ahorrar para asegurar mi vejez. Por otra parte, ellos y nosotros andamos en una sociedad en donde nos crean más y más necesidades. Como si uno valiera por la cantidad de bienes, o por el puesto que ocupa, o por la vida acomodada que lleve, o por los lujos que se tengan. Otros hermanos viven felices con lo que tienen y libres para amar y servir.

Para nuestra vida y ministerio, ¿Qué quiere Dios? Jesús vivió poniendo toda su confianza en el Padre, todo lo ha recibido de Él y todo lo entrega a él, con una vida sobria, con lo necesario, recibiendo y compartiendo con sus discípulos, con libertad plena. Jesús quiere que vivamos pobres como Él. Que lo imitemos pongamos toda nuestra confianza en Dios Padre, busquemos su justicia y lo demás se nos dará por añadidura (Cf. Mt 6.33) y lo sirvamos dando gratis lo que hemos recibido gratis (Cf. Mt 10,8).

Esa es la medida que nos vuelve a presentar la Iglesia en P.O 17 y en los cánones 282, 22,2 y 529,1):  La remuneración que reciba por el ejercicio del ministerio ha de proveer para que viva de manera digna, tenga lo necesario para atender mis necesidades; atienda los gastos de la evangelización; y lo demás sea para compartir con los pobres. No solo ser justo en el manejo de esos bienes, sino estar dispuesto a compartir de nuestro propio pan, como el buen samaritano (Lc 10,29-37). Es muy exigente, pero muy útil para nuestra vida y ministerio. ¿Verdad?

Vivir la pobreza, como Jesús, ayudará al sacerdote a:

  • Unirse más a Jesús, encontrándolo y sirviéndolo en sus hermanos más pequeños (Mt 25, 40). Nos hacemos más amigos de Él, haciéndonos amigos de los pobres, que son sus más amigos.
  • Fortalecer su caridad de pastor para superar apegos al dinero y a las cosas, usar los bienes con sentido de responsabilidad, moderación, recta intención y desprendimiento; vivir con mayor sobriedad; ganar libertad interior y disponibilidad para entregarse a servir mejor en la Iglesia, buscando solo la gloria de Dios.
  • Parecerse más a Jesús pobre.
  • Además, nuestro ministerio tendrá más fruto porque lo realizamos gratuitamente, con los dones gratuitos que Dios nos da. No nos faltará nada para nuestra vida y para nuestro ministerio. Nos darán más ofrendas para que las compartamos con los necesitados.

¿Qué hago al volver a casa? Me sentiré movido por Cristo pobre a revisar lo que necesito y lo que no necesito. La caridad pastoral me llevará, además, a servir mejor a Jesús en los pobres compartiéndoles mi propio pan, como el Buen Samaritano, a mejorar mi justicia con ellos, empezando por mis colaboradores.  Haré revisión de mi vida con el n. 83 del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros. Hagámoslo y compartamos con otros hermanos sacerdotes esa experiencia.            

 Julio