abrazoninosLa semana pasada, estábamos en Congreso Eclesial casi 500 delegados de todos los Países de América Latina y El Caribe. Reconocimos muchos valores en las reflexiones y en los compromisos asumidos en la II Conferencia del Episcopado latinoamericano, en Medellín. Valoramos diversos pasos dados, en estos 50 años, con creatividad pastoral y con valentía en algunos sectores. Al confrontar con la realidad y con las proyecciones evangelizadoras que tenemos hoy, encontramos que las necesidades no han cambiado mucho y los desafíos a la evangelización siguen siendo muy grandes. En un continente mayoritariamente cristiano, las injusticias las cometen, también, los mismos que se llaman cristianos. El compromiso de trabajar por la transformación integral de la sociedad, de la cultura, de la economía y de la misma Iglesia, es prioritario.

Detrás de todo, sigue el mismo desafío que hace 50 años interpeló a la Iglesia: en la fe tenemos la fuente y la fuerza para resolver los problemas. Por ello, hay que ayudar a que la fe sea auténticamente cristiana y que incida en la vida personal, en la familia, en la comunidad y en las estructuras. ¿Cómo ayudar a los cristianos a purificar y fortalecer su fe para que ella efectivamente transforme la vida personal, comunitaria y social? Orientaciones para este camino las tenemos en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida.

Todos estuvimos sintonizados en que hemos de acercarnos más a Jesús, vivir nuestro discipulado misionero y asumir nuestra tarea evangelizadora con mayor esperanza, en comunión con todos y con obras concretas. Empezando por nuestra familia, con los compañeros de trabajo y en nuestra comunidad. También para nosotros los pastores, el camino es fortalecer y encarnar la fe en nuestra vida, en nuestras relaciones interpersonales, en la predicación y en los demás servicios ministeriales y en la transformación de las estructuras sociales, culturales, políticas, etc. Lo hacemos por Jesús, por nuestros hermanos más necesitados, por la sociedad y por nosotros mismos. Hagámoslo.

Julio