Quiero gozar, quiero tener, quiero hacer, quiero vivir, quiero ser. Todo ello refleja diversas aspiraciones e ideales. En medio de la multitud de ofertas que se nos hacen, nosotros sacerdotes queremos ser, vivir y obrar como Jesús, el Buen Pastor (Cf. Jn 10, 11-17), que conoce sus ovejas y es conocido por ellas; va delante de las ellas, las guía, las alimenta y las defiende; da la vida por las ovejas, para que ellas tengan vida abundante; resucitado, sigue pastoreando su Iglesia. Los presbíteros hemos sido consagrados para ser, vivir y obrar con el Buen Pastor, como Él, por Él y en su Nombre.  
Para conseguir esa continua renovación pastoral, reconocemos que “También el sacerdote, como la Iglesia, debe crecer en la conciencia de su permanente necesidad de ser evangelizado” (EG, 164). Necesitamos recibir y aprovechar los servicios educativos, de comunión y otros apoyos, para ejercer de manera auténtica, con caridad pastoral y en el Espíritu de Cristo nuestro ministerio y, con ello, avanzar en nuestra santificación personal y en la de la comunidad que pastoreamos. Además, hemos de capacitarnos y renovarnos en cada uno de los aspectos del ministerio: la misión ad gentes, el ecumenismo, la re-evangelización; y la atención pastoral de la Iglesia misión (Cf. RMi, 33 – 34).  Hemos de “Lavar los pies” (Cf, Jn 13) a los otros hermanos del presbiterio diocesano, con Jesús, como Jesús y por Él, dando la vida en su servicio. Compartir con la Diócesis y con la comunidad local los pasos de discernimiento pastoral, planeación, programación y servicio. Colaborar al Obispo, a los presbíteros, a los Diáconos, a los Consagrados(as) y a los Laicos para que realicen bien su propia misión. Todo ello, nos ayuda a dar pasos serios de conversión pastoral.  
Los presbíteros hemos de “Ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades…” (EG, 33); a “ser Evangelizadores con Espíritu, que quiere decir evangelizadores que oran y trabajan” (EG, 262).
No vamos por menos. Queremos renovarnos pastoralmente para ser, vivir y obrar como el Buen Pastor. Con entusiasmo, compartamos con otros hermanos estos pasos de renovación pastoral.

Julio