jesusydiscipulosEs verdad que ya hemos hecho un largo proceso formativo en el Seminario. Incluso, varios de nuestros hermanos sacerdotes sienten que ya saben todo, que no necesitan el discipulado y tienen dificultades tanto para escuchar a los sencillos, como para participar en las actividades de formación permanente.

Los Apóstoles vivieron intensamente ese discipulado, en respuesta al “ven y sígueme” con el que los llamaba el Maestro (Cf. Mt 4, 18 - 22). Es el mismo discipulado que nos lo ha indicado la Iglesia en el Concilio Vaticano II y en los documentos posconciliares. Ahora, ella nos hace una presentación renovada en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 2016, en donde se describe que, durante toda la vida, vamos en un único proceso de crecimiento y que su base, o fundamento, es el discipulado.

El texto dice: La formación de los sacerdotes es la continuación de un único «camino discipular», que comienza con el bautismo, se perfecciona con los otros sacramentos de la iniciación cristiana, es reconocido como centro de la vida, en el momento del ingreso al Seminario, y continúa durante toda la vida (RF, Introducción, n.3). En virtud de una constante experiencia discipular, la formación es un proceso unitario e integral, que inicia en el Seminario y continúa a lo largo de la vida sacerdotal, como formación permanente. Exige atención y cuidado en cada paso (RF, n. 53).

El discipulado, entonces, es don y tarea permanente. Necesitamos ser discípulos de Jesús cada día y siempre. Ello es lo que nos capacita y dispone para aprender la principal sabiduría y para ser buenos pastores.

Compartamos los pasos del discipulado con la comunidad y, en especial, con algunos hermanos del presbiterio. Nos servirá mucho.

Julio