enseñarEs más fácil y menos comprometedor visitar a un hermano enfermo, o compartir una comida con un sacerdote amigo. Nos acercamos solo hasta cierto punto. De ahí en adelante, nos parece que la vida del hermano sacerdote sea algo privado. Pero, ciertamente, necesitamos más de los hermanos sacerdotes en todos los aspectos. Por eso, tenemos que abrirnos a encontrar a otros hermanos, con quienes nos pongamos de acuerdo para acompañarnos y ayudarnos en nuestro discipulado. Lo lograremos con hermanos con quienes tengamos confianza y que sintonicen con el deseo de compartir para crecer espiritualmente.

Eso lo necesitamos para responder bien al “ven y sígueme” con el cual nos sigue llamando el Señor. Para ello, hemos de vivir más unidos a Jesús, mejorar nuestra amistad con Él e ir pensando como él, sintiendo como Él, viviendo como Él y sirviendo con su amor.  Hemos de avivar nuestra caridad pastoral, dar nuevos pasos de pobreza, vivir mejor nuestro celibato y crecer en obediencia. Con ello, lograremos asemejarnos más a Jesús y servir mejor a la Iglesia.

Aunque todo ello lo reasumimos en los ejercicios espirituales y en algunos otros momentos especiales de nuestra vida, sin embargo, el ajetreo de actividades diarias, frecuentemente, nos distraen y, a pesar de esos buenos propósitos, seguimos como era en el principio, ahora y siempre…. Pero, lo están logrando en varios lugares: hermanos sacerdotes que se reúnen a compartir la Palabra de Dios, a revisar evangélicamente su vida, a darse ánimo y consejo espiritual. Se apoyan en los pasos que se proponen para ser buenos discípulos y buenos pastores. Se ayudan y viven felices mejorando su vida y su ministerio pastoral. Hagámoslo, también, nosotros. Unidos podremos animarnos y apoyarnos para nuestro discipulado.

Julio