Qué maravilla para el que pueda decir: me entiendo bien con mi comunidad, estoy contento de lo que soy y de lo que vivo, voy superándome en todo. Con todo ello muestra que es un sacerdote con madurez humana. Otros estamos luchando para lograrlo. 
De la raíz depende la alimentación, la estabilidad y la fortaleza del árbol. Lo “humano” en nosotros es como la raíz de todo. Se refiere a lo físico, lo síquico, lo afectivo, lo económico y lo social. Eso “humano” es la “raíz” para todo en nuestra realidad personal, es fundamento de nuestra identidad, vida y servicio. Es la base para nuestro crecimiento en todos los aspectos. ¿Verdad?
Para todos, y más para los sacerdotes, la tarea es conservar y hacer crecer toda esa realidad humana: mejorar nuestra salud física y mental; satisfacer adecuadamente nuestras necesidades básicas; manejar equilibradamente nuestro afecto y nuestras emociones; relacionarnos bien con las demás personas; conseguir y utilizar bien los recursos económicos necesarios; servir en la comunidad. Es una tarea permanente, hasta el final de nuestra vida.
Todo esto lo podemos ir logrando, paso a paso, en un proceso de renovación humana, que nos lleve a conseguir la correspondiente madurez en este campo. Ella se manifestará en nuestro estilo de vida, en nuestra forma de relacionarnos con los demás y en la vida misma que vaya creciendo en notros. Jesús nos va ayudando a conseguirlo.
Que en nuestra comunidad alguno nos diga: Padre, Usted no era así; me anima su ejemplo, yo también voy a tratar mejor a los de mi casa; que otro nos manifieste que se siente muy bien con la acogida fraterna y el servicio que le damos; que todos se alegren y le den gracias a Dios por la salud, la alegría, la paz y la misericordia, fruto de la maduración humana y espiritual que estemos logrando. 
Ayudemos a los hermanos sacerdotes que están desanimados, o no se esfuerzan, o no quieren cambiar. Con la ayuda de Dios, que todos los sacerdotes nos ayudemos a superar nuestras limitaciones y a resolver nuestras necesidades humanas. Que aprovechemos todos los medios educativos, de comunión fraterna y de bienestar integral, para conseguir la maduración humana que necesitamos, la cual es condición fundamental para tener mejores frutos en nuestro ministerio pastoral. 

Julio